Con menos de un mes para definir el futuro del acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, el presidente Donald Trump ha lanzado una sombra de incertidumbre sobre la continuidad del T-MEC al declarar que no busca renovarlo. Según las afirmaciones del mandatario, los socios norteamericanos deberían ofrecer más concesiones a Estados Unidos.

“No estoy buscando renovarlo”, explicó Trump durante una audiencia en la Oficina Oval de la Casa Blanca. “Nuestro país no necesita nada de lo que Canadá o México puedan ofrecernos. Sin embargo, ellos necesitan todo lo que nosotros tenemos y deben tratarnos mejor”. Estas declaraciones subrayan el tono negociador del gobierno de EE.UU., pero también generan preocupación en los sectores económicos, especialmente aquellos vinculados al sector agroalimentario.

Las disposiciones del T-MEC incluyen mecanismos para la revisión anual del acuerdo. En caso de no llegar a un consenso este año, se podrían iniciar consultas y, eventualmente, terminar el tratado en 2036. No obstante, las negociaciones continúan avanzando, con una segunda ronda programada para los días 16 y 17 de junio en Washington, seguida por otra en la Ciudad de México a principios de julio.

La postura del presidente contrasta con la defensa realizada ante el Congreso por líderes del sector agroalimentario estadounidense. Durante una audiencia ante el Comité de Agricultura, representantes de organizaciones como la American Soybean Association argumentaron que el T-MEC es fundamental para la competitividad y estabilidad del campo estadounidense.

“El T-MEC ha sido un estándar de oro en acuerdos comerciales agrícolas, ofreciendo certidumbre a agricultores y ganaderos necesaria para planificar e invertir”, declaró Jamie Beyer. Las organizaciones consideran que el acuerdo no solo beneficia a los productores americanos, sino también al conjunto de la economía regional.

Analistas coinciden en que las afirmaciones de Trump parecen ser una estrategia de presión negociadora más que un indicio real de abandonar el acuerdo. Joel Baum, profesor de Administración Estratégica de la Universidad de Toronto, sugiere que el mandatario interpreta el tratado como una herramienta para obtener concesiones adicionales, mientras otros expertos ven en él una oportunidad para reforzar gradualmente las exigencias.

Según un análisis elaborado por Grupo Estrategia Política y Connecting Mexico, los escenarios más probables no implican una salida de EE.UU. del T-MEC, sino revisiones anuales que permitirían a Washington incrementar sus demandas de forma progresiva. El estudio sugiere medidas como incentivos para la relocalización de producción manufacturera, mayor contenido nacional en sectores clave y reglas más estrictas de origen en la industria automotriz.

Estos cambios, si implementados, podrían llevar a una mayor integración de contenido estadounidense en las cadenas de valor globales y beneficiar a empresas que deseen mantener el acceso preferencial al mercado estadounidense. Sin embargo, también se prevé que generen mayores costos de producción y retrasos en las cadenas de suministro.