Terminó el primer encuentro del ‘Gigante de Acero’ en la Copa del Mundo, con una mezcla de emoción y tradición mexicana. El ambiente se llenó de melodías como “El Cielito Lindo” y un fuerte espíritu deportivo, especialmente entre los aficionados suecos y tunecinos. A medida que el partido llegaba a su conclusión, los espectadores de ambos equipos parecían involucrarse en un intercambio cultural, con expresiones como “¡México, México!” resonando cuando el juego necesitaba más dinamismo.
Con solo cinco minutos por jugarse, Suecia parecía estar a punto de consolidar su victoria marcando el cuarto gol, pero la reivindicación del árbitro asistente mediante VAR desvió la celebración. Este hecho provocó cierto malestar en los aficionados europeos y algunos mexicanos que parecían compartir con ellos un lenguaje más coloquial, aunque el VAR finalmente confirmó la anotación, reavivando las festividades.
El grito prohibido también hizo acto de presencia en dos ocasiones. En el segundo tiempo, justo antes de la pausa para hidratación, se escuchó un “Eeh… ¡P*to!” desde la tribuna norte cuando un portero tunecino despejó el balón. Fue recibido con calma por los asistentes. Sin embargo, al minuto 73, el grito volvió a resonar esta vez en el meta sueco. Estos sonidos formaban parte de una celebración atípica para las políticas antidiscriminatorias de la FIFA pero se habían convertido en un rasgo característico del folclore mexicano.
En otro momento histórico, se registró la entrada a un estadio mundialista 40 años después. Maria Luisa Muñoz y su hijo Emiliano Olguín Muñoz cruzaron por Puerta 1 del estadio en silla de ruedas, demostrando el inclusivo espíritu de la Copa del Mundo. Esta entrada se produjo en Monterrey a través de un inmueble regiomontano.
Aunque los colores albiazules de Tigres predominaban en el estadio, cuando aparecieron aficionados del equipo de San Nicolás, hubo un notable abucheo y contraste con las franelas y mantas rojas de Monterrey, que fueron aclamadas. Los aficionados al Monterrey no perdonan a su rival eterno, ni siquiera en circunstancias neutralistas.
Yasin Ayari se convirtió en el primer anotador del equipo mexicano en un partido mundialista jugado en el estadio de Rayados. Su disparo lejano de derecha con el portero adelantado puso a Suecia por delante, pero no celebró ni gritó, ofreciendo disculpas ya que su madre es tunecina y se arrodilló besando el césped. A pesar de la goleada final de 5-1, volvió a hacerlo en el último suspiro.
La precipitación que prevaleció horas antes del inicio del juego contribuyó al ambiente cálido, con una sensación térmica de 31 grados centígrados. El estadio de Rayados ya había preparado refrescos, té y café para los asistentes, algo que en otras sedes se ha cobrado.
A pesar del lleno generalizado en las gradas, el estadio de Rayados presentó algunas áreas vacías, como la franja central entre las zonas inferiores y superiores, incluyendo las suites del centro. Según FIFA, se habían agotado casi 2 mil asientos.
Suecia tomó el liderato del Grupo F tras una goleada de 5-1 sobre Túnez en Monterrey, demostrando superioridad en la Copa del Mundo 2026.