El 4 de febrero, coincidiendo con el Día Mundial contra el Cáncer, un equipo liderado por Haohan K. Wey publicó en Nature un estudio que ha abierto nuevas vías en la comprensión del mecanismo de acción de los tumores sobre el sistema inmune.
Aunque se conocen varias estrategias de los tumores para debilitar el sistema inmunitario, como la inhibición de linfocitos T a través de moléculas llamadas check-points o la ocultación de antígenos, este nuevo hallazgo presenta un enfoque más complejo y global.
El nervio vago, conocido por ser una vía crucial para la comunicación entre el encéfalo y varios órganos internos, se ha descubierto como el mediador de esta interacción. Sus ramificaciones llegan hasta los pulmones, donde ciertas células tumorales excitan las neuronas sensoriales del nervio vago.
Estas señales son transmitidas al encéfalo, que en respuesta activa el sistema nervioso simpático. Este sistema, responsable de la reacción del cuerpo ante situaciones de estrés o peligro, libera noradrenalina en las cercanías del tumor. La noradrenalina modifica los macrófagos alveolares, convirtiéndolos en células inmunosupresoras que impiden la actividad de los linfocitos T y promueven el crecimiento tumoral.
Este mecanismo se extiende más allá del pulmón. El nervio vago tiene ramificaciones en otras zonas cerebrales clave, como el tronco encefalico, el tálamo y la amígdala, lo que sugiere una conexión emocional con el desarrollo tumoral.
Este descubrimiento es fundamental para la investigación futura del cáncer, especialmente en cuanto a las interacciones entre el sistema nervioso y el inmunológico. Pone de manifiesto la necesidad de estudiar cómo nuestras emociones pueden influir en la lucha contra esta enfermedad.