En una sorpresiva decisión, Ayuso tuvo que cancelar su acto en la catedral de Ciudad de México, un evento que pretendía conmemorar a Hernán Cortés como un “liberador” de los pueblos indígenas. Sin embargo, los representantes de los pueblos originarios se habían congregado para protestar contra el acto, argumentando que negaba la Conquista como un hecho de saqueo y explotación.
La protesta fue un llamado a la reflexión sobre la historia y su impacto en las comunidades indígenas. Los pueblos originarios destacaron que la conquista no fue una liberación, sino una destrucción que cambió el curso de la historia de México. Argumentaron que los aztecas eran una estructura premoderna sin concepto de soberanía nacional, y que su caída se debió a la intervención militar española, no al propio pueblo.
La decisión de cancelar el acto fue vista como un reconocimiento de la importancia de escuchar las voces de los pueblos indígenas. Los representantes de los pueblos originarios expresaron su gratitud por la decisión y llamaron a la reflexión sobre la necesidad de recordar la historia como es, sin romanticizar o minimizar sus consecuencias.
La cancelación del acto también generó un debate sobre la forma en que se representa la historia y cómo se impacta en las comunidades indígenas. Los críticos argumentaron que la decisión era una oportunidad para reflexionar sobre la manera en que se enseña la historia, destacando los logros de los pueblos indígenas y su contribución a la riqueza cultural de México.