Un tribunal federal estadounidense ha condenado a dos ciudadanos americanos a 18 meses de prisión por su papel en un complejo esquema que permitió a informáticos norcoreanos infiltrarse en empresas estadounidenses y obtener acceso a redes corporativas. La sentencia, dictada en abril, revela una pieza más del esquema de ingresos ilícitos con el que Pyongyang sortea sanciones y financia sus programas armamentísticos.

Matthew Knoot, residente de Nashville, y Erick Prince, de Nueva York, fueron condenados por mantener granjas de portátiles que permitieron a los informáticos norcoreanos hacerse pasar por empleados legítimos en empresas de Estados Unidos. La sentencia también incluye decomisos para ambos acusados, lo que busca dejar sin margen económico a los intermediarios.

Según los investigadores, el esquema de trabajadores informáticos norcoreanos mueve cientos de millones de dólares al año y ha sido utilizado por casi 70 empresas estadounidenses. El régimen norcoreano se embolsó un total combinado de 1,2 millones de dólares como resultado del esquema.

El FBI advierte que facilitar estos montajes es un delito federal que atenta contra la seguridad nacional. Los agentes estadounidenses han identificado a dos ciudadanos americanos que recibieron ordenadores de compañías que jamás sospecharon del engaño y los utilizaron para instalar aplicaciones de escritorio remoto y configurar conexiones para parecer que los trabajadores estaban en sus propias casas.

La infiltración de trabajadores informáticos norcoreanos en empresas occidentales no es un simple fraude laboral, sino una operación de inteligencia con un vector de amenaza bien definido: el espionaje económico y la financiación de los programas armamentísticos de Corea del Norte.

El Departamento de Justicia ha sido claro: la colaboración con los esquemas de Pyongyang es un delito que afecta a la seguridad nacional. Las penas de prisión, aunque reducidas, vienen acompañadas de decomisos que buscan dejar sin margen económico a los intermediarios.

La sentencia de Knoot y Prince se suma a una lista creciente de condenas relacionadas con este mismo esquema. En los últimos dos años han sido sentenciados, entre otros, Christina Chapman, Alexander Paul Travis, Oleksandr Didenko y los hermanos Keija y Zhenxing Wang.

El FBI ha advertido que albergar portátiles para trabajadores informáticos de la RPDC es un delito federal que impacta directamente en nuestra seguridad nacional. La condena de Knoot y Prince es un pequeño escalón en una escalada jurídica que no va a detener el flujo de informáticos fantasma mientras exista un incentivo económico.

La pregunta que queda en el aire es cuántos granjeros de portátiles están todavía operando sin haber sido descubiertos, y cuántos de ellos residen en la Unión Europea. La infiltración de trabajadores informáticos norcoreanos en empresas occidentales es una amenaza creciente que requiere atención de las autoridades estadounidenses y europeas.