La estrategia militar de la OTAN está siendo redefinida por la creciente amenaza representada por los drones baratos. Lituania, un país miembro de la OTAN fronterizo con Rusia, ha adoptado una nueva forma de abordar esta cuestión al comprar 48 interceptores Merops a un precio de solo 15.000 dólares cada uno.
Este sistema, desarrollado por la startup estadounidense Perennial Autonomy, ya ha demostrado su eficacia en la derribada de drones Shahed-136 iraníes lanzados contra tropas estadounidenses en Ucrania y Oriente Medio. El Pentágono, que anteriormente había invertido millares de millones en sistemas antidrón más caros, ha optado por este enfoque más asequible.
La OTAN ha comenzado a incorporar interceptores de bajo coste en su doctrina militar, lo que cambia la ecuación económica de la guerra de desgaste. Los misiles Patriot, que hasta ahora han sido los sistemas de defensa antiaérea más caros de la OTAN, ya empiezan a perder eficacia frente a esta nueva amenaza.
Ucrania, otro país miembro de la OTAN, ha decidido exportar sus propios drones baratos, con un precio que va desde los 1.000 hasta los 3.000 dólares cada uno. La empresa General Cherry es una de las más exitosas en este mercado, con más de 11.000 derribos confirmados en marzo.
El secretario del Ejército estadounidense, Dan Driscoll, ha defendido esta estrategia, afirmando que “hacer ese intercambio todo el día” es la clave para mantener una defensa aérea efectiva frente a la saturación de drones baratos. El Pentágono ha acelerado contratos por más de 600 millones de dólares en sistemas antidrón.
La OTAN, tradicionalmente anclada en sistemas de alta intensidad, se ve forzada a incorporar interceptores de bajo coste para sostener una guerra de desgaste que Rusia lleva a la práctica diaria. La ventaja financiera está del lado del atacante, ya que un Shahed cuesta unos 20.000 dólares y requiere un misil de 3 millones para derribarlo.
España se está preparando para esta revolución en el mercado de defensa antidrón. El Ministerio de Defensa evalúa la posibilidad de lanzar un programa de interceptores de bajo coste, con la vista puesta en la experiencia ucraniana y en las necesidades del flanco sur.
La Agencia Europea de Defensa (EDA) ha impulsado varios proyectos antidrón, pero ninguno ha alcanzado la madurez operativa del Merops o del Bullet. La proliferación de interceptores baratos puede alterar el mercado europeo de defensa y obligar a fabricantes como Airbus y Thales a buscar alianzas con startups ucranianas o estadounidenses para no quedar relegados.