Meta, la compañía de Mark Zuckerberg, ha anunciado su intención de contratar un préstamo sindicádo de $13.000 millones para financiar su centro de datos en El Paso, Texas, lo que marca una importante shift en la estrategia de las grandes tecnológicas para sustentar su infraestructura de inteligencia artificial.
La decisión se produce en un momento en el que los tipos de interés en EE.UU. siguen siendo altos, lo que puede aumentar el coste del capital ajeno para Meta. Sin embargo, la empresa valora que el retorno potencial de la IA justifica el riesgo, ya que su centro de datos de El Paso se suma a una larga lista de macroproyectos en Estados Unidos, incluyendo inversiones conjuntas de más de $120.000 millones por parte de Microsoft, Google y Amazon.
La carrera por la IA generativa está disparando la demanda de capacidad de cómputo y electricidad, lo que hace que Meta no quiera perder el tren en esta competencia. La empresa ha anunciado planes para invertir $30.000 millones en infraestructura de IA en los próximos dos años, lo que refleja su determinación para no quedarse atrás.
El préstamo de $13.000 millones es la mayor muestra del apetito de las grandes tecnológicas por la deuda para sustentar su infraestructura de la IA. Sin embargo, este apalancamiento masivo no está exento de riesgos, ya que el coste anual de la deuda para Meta por este préstamo rondará los $800 millones.
La operación también tiene un reverso para la banca de inversión, ya que Morgan Stanley y JPMorgan se aseguran comisiones suculentas y refuerzan su relación con una de las compañías más valiosas del mundo. Sin embargo, la concentración de deuda en el sector tecnológico despierta recelos en los supervisores, lo que puede generar problemas regulatorios.
El centro de datos de El Paso se ubica en una zona de alto consumo energético, lo que reabre el debate ambiental. La presión para que estos centros utilicen fuentes renovables es creciente, pero la realidad es que muchos recurren a gas natural. Meta ha prometido que el centro será neutro en carbono para 2030, pero los grupos ecologistas ya han expresado dudas.
El proyecto de El Paso ilustra la brecha que separa a los hiperscalares estadounidenses del resto del mundo. No se trata solo de dinero: es una cuestión de potencia eléctrica, de permisos gubernamentales y de capacidad para atraer talento especializado. En Europa, la burocracia y la fragmentación regulatoria limitan la velocidad de despliegue, algo que en Texas no ocurre.
El tiempo dirá si el préstamo se convierte en una oportunidad exitosa para Meta o si la empresa enfrenta problemas debido a la falta de rentabilidad. La próxima junta de accionistas prevista para el 21 de mayo será la primera prueba de fuego para que Zuckerberg detalle la rentabilidad esperada de estos megacentros.