El déficit millonario de Nueva York no es un simple accidente político, sino el resultado de una enfermedad estructural que afecta a las finanzas de las grandes ciudades desde Detroit hasta París. Marc Vidal, analista financiero, lo ha definido con crudeza: estamos ante un patrón que ningún alcalde ha podido romper.

La crisis presupuestaria en la Gran Manzana no es una excepción, sino el reflejo de un problema más profundo. El nuevo alcalde de Nueva York, quien lideró a su partido con un programa que prometía vivienda asequible, metro gratuito y gasto social financiado mediante impuestos a los ricos, se enfrenta ahora a la realidad fiscal.

La cifra del agujero ha aumentado desde 12.000 millones de dólares para dos años hasta 7.000 y, recientemente, a 5.400 millones en la última revisión. La aritmética es clara: el déficit se está duplicando.

Lo que no cuadra es la capacidad de la ciudad para financiar sus obligaciones. Lo mismo sucedió hace medio siglo, cuando los bancos dejaron de comprar bonos municipales y el gobierno federal intervino. En ese momento, Gerald Ford le dijo al alcalde de Nueva York: “Drop it”.

Medio siglo después, Detroit sufrió un colapso similar. La ciudad perdió más de la mitad de sus habitantes entre 1950 y 2010, mientras la industria del automóvil se deslocalizaba y la deuda acumulada se ignoraba.

Chicago también se encuentra en una situación precaria, con una deuda de pensiones que supera los 30.000 millones. La pregunta es: ¿qué haría cualquiera para evitar este patrón?

Marc Vidal no busca explicaciones ideológicas, sino aritméticas. “La solución es encontrar un equilibrio entre la ambición social y la realidad fiscal”, sostiene.

El problema se repite en otras ciudades. París, por ejemplo, tiene una deuda del Ayuntamiento que se ha disparado desde 5.000 a más de 9.000 millones de euros durante los dos mandatos de Anne Hidalgo.

Londres también enfrenta problemas financieros, con Transport for London al borde del colapso y necesitando rescates de emergencia durante la pandemia.

Los grandes ayuntamientos españoles han mejorado sus cuentas gracias a la regla de gasto y a la inflación que hinchó sus ingresos por IVA y tributos locales. Sin embargo, la tensión de fondo no ha desaparecido.

Theoría Vidal sobre el problema: “La pregunta incómoda sigue latente: ¿puede un municipio financiar lo que los ciudadanos exigen sin romperse por dentro?”