La Comunidad de Madrid está a punto de iniciar pruebas con la nueva flota de trenes automáticos, que llegará a las cocheras de Laguna en finales de 2026. La línea circular L6 es la más utilizada de la red, con 400.000 viajeros diarios, y su trazado circular de 23,5 kilómetros y 28 estaciones se convierte en un desafío para la movilidad de la capital.

La operación del sistema CBTC (Communications-Based Train Control) permitirá reducir el intervalo entre trenes a menos de dos minutos en hora punta, lo que significa absorber sin colas a los viajeros que llegan en transbordo desde la L10 en Cuatro Caminos o desde la L3 en Moncloa.

Sin embargo, la fabricación de los primeros trenes ya está en curso, y el calendario industrial encaja con la entrega prevista para finales de 2026. Sin embargo, la modernización de la señalización requiere trabajar de noche, en ventanas de cuatro horas, sin margen para imprevistos, lo que puede retrasar la operación.

El secreto para evitar un corte largo se encuentra en la comunicación y la planificación con anticipación. La experiencia clara del antecedente más cercano es la propia L6 en 2016, cuando el cierre parcial de tres meses en verano para renovación de vía y catenaria desbordó las alternativas en superficie.

La Comunidad debería tomar en cuenta también la comparación con Barcelona, donde la línea L9-L10 opera en GoA4 desde su inauguración. Convertir una línea existente, con material rodante mixto y estaciones sin puertas de andén, es un ejercicio mucho más complejo que el que se está a punto de realizar en Madrid.

Finalmente, quedan flecos importantes que siguen sin detallarse en un documento público: la compatibilidad de los nuevos trenes con la flota actual durante el periodo de transición, los planes de formación del personal y las obras en cocheras de Laguna.