Un informe revela que la red ferroviaria Rodalies ha experimentado una caída masiva en el número de usuarios durante el primer trimestre de 2026, con una disminución del 25% respecto al mismo período de 2025. Esta cifra es particularmente alarmante considerando que se trata de millones de trayectos perdidos y un patrón que se repite mes a mes sin que el Gobierno haya podido romperlo.
Según las fuentes, la explicación para esta caída radica en los incordios acumulados y los cortes programados, así como los problemas de catenaria en ciertas líneas. Además, se ha observado que quien abandona el tren no suele volver a usarlo durante un plazo corto, lo que hace que las pérdidas sean aún más significativas.
La situación es tan grave que la consellera de Territori ha admitido en sede parlamentaria que la situación es “preocupante” y requiere medidas estructurales. La traducción catalana de esta palabra se refiere a una situación seria, pero el matiz del lenguaje regional agrega un grado de gravedad.
El desglose por línea que circula entre los técnicos del Departament revela un mapa muy desigual en la caída de usuarios. La R2 sur es la línea más golpeada, con una caída superior al 30%, mientras que la R1 y la R4 presentan caídas menores pero igualmente significativas.
El impacto territorial es enorme, ya que las comarcas como el Baix Llobregat, Maresme y Vallès Occidental dependen de Rodalies para sostener su mercado laboral metropolitano. Si la red falla, también caerán los desplazamientos a Barcelona y se multiplicará la presión sobre las carreteras.
La lectura política de esta situación es otra capa del problema, ya que el traspaso integral de Rodalies a la Generalitat sigue avanzando con cuentagotas. El presidente Salvador Illa enfrenta una crisis que parece seguir más profunda y prolongada que la anterior en 2023.