Un análisis detallado realizado por The Economist con datos proporcionados por SIPRI muestra que Estados Unidos ya no lidera en gasto militar ajustado por poder adquisitivo. En efecto, los aliados de Washington gastaron el 111% del presupuesto del Pentágono en términos de paridad de poder adquisitivo (PPA) en 2025. Este dato histórica se produce por primera vez desde la conclusión de la Guerra Fría.

En detalle, los 31 miembros de la OTAN no estadounidenses, junto con socios del Indo-Pacífico como Japón, Corea del Sur, Tailandia, Australia y Filipinas, movilizaron un total de 1,1 billones de dólares en defensa. Mientras que Estados Unidos destinó alrededor de 1 billón de dólares a este fin.

Aunque en términos absolutos el gasto de los aliados sigue rezagado en unos 200,000 millones de dólares frente al Pentágono, el ajuste por PPA elimina las distorsiones del tipo de cambio y refleja la capacidad real de compra de cada nación. Específicamente, el incremento del 14% en gasto militar en Europa, impulsado principalmente por la guerra en Ucrania, contribuyó al sorprendente vuelco.

El análisis subraya que si bien los aliados europeos y Canadá suman un 81% del gasto estadounidense ajustado por PPA, el superávit global se debe principalmente a los países asiáticos. Japón y Corea del Sur destacan en particular, gracias a sus economías robustas que permiten compras de defensa eficientes.

La guerra en Ucrania ha servido como catalizador para un rearme europeo masivo, con países como Polonia, los bálticos y Alemania acelerando sus adquisiciones militares. El presupuesto del Pentágono, por su parte, se ha mantenido estancado durante varios ejercicios y sufrió incluso una reducción significativa en 2025.

El dato no es solo un simple ajuste contable; tiene implicaciones profundas para la arquitectura de seguridad transatlántica. La administración Trump, que ha condicionado el paraguas nuclear a un gasto del 5% del PIB en defensa por parte de los aliados, encontrará un argumento inesperado: los socios ya superan a Estados Unidos en esfuerzo económico real cuando se elimina la ventaja del dólar fuerte.

Para España, el panorama es ambivalente. Aunque Moncloa celebra haber alcanzado el 2% del PIB en defensa según su nuevo plan, en el contexto de un gasto aliado superior a EE.UU., la presión se traslada a destinaciones concretas. La pregunta en el Ministerio de Defensa es si Washington considerará suficiente el 2% cuando los números de PPA muestran que ya se ha superado.

Historicamente, desde la cumbre de Gales de 2014, el objetivo del 2% se midió siempre sobre PIB nominal. La introducción de esta métrica abre una discusión más fina sobre el burden sharing y los desafíos operativos asociados. Si el costo de sistemas de armas en Europa es más alto debido a la fragmentación industrial, un 2% del PIB nominal puede traducirse en menos recursos que un 1,5% en Corea del Sur.

El debate del burden sharing ya no se centra en si los aliados pagan suficiente, sino en si Washington acepta que la superioridad financiera colectiva en términos reales puede traducirse en una mayor autonomía estratégica europea. En el horizonte de cinco a diez años, la tendencia apunta a un reequilibrio profundo en la alianza.