Según la calificadora global S&P, México se aproxima a perder su grado de inversión tras una revisión negativa en la perspectiva de su calificación soberana de deuda el 12 de mayo del año 2025. Aunque no implica un cambio inmediato en la calificación, este movimiento refleja preocupaciones sobre la confiabilidad futura de la economía mexicana.
El anuncio de S&P tiene varias implicaciones negativas. La primera es que resalta una serie de debilidades en la economía mexicana. La segunda es el continuo deterioro de la calificación soberana del país, iniciado en 2019 y que podría llevar a una menor calificación dentro de los próximos dos años. Por último, esto podría resultar en una reducción de la calificación, dejando al país justo un nivel por encima del grado de inversión.
Perder el grado de inversión significa que la deuda se considera demasiado arriesgada para importantes inversionistas institucionales. Esto haría que muchos dejaran de incluir esa deuda en sus carteras, obligando a buscar inversores que exigen un mayor rendimiento y aumentando los costos de la deuda.
Es relevante recordar que México había logrado mejorar su calificación crediticia desde principios del siglo XXI. En 2000-2002, las tres principales calificadoras globales le habían otorgado el grado de inversión. Sin embargo, desde 2019 y 2020, la calificación ha continuado deteriorándose, quedando apenas un nivel por encima del grado de inversión en el caso de Fitch.
S&P menciona que la perspectiva negativa se debe a riesgos como elevados déficits fiscales persistentes y una creciente deuda. Un aspecto crítico es el apoyo fiscal a la Comisión Federal de Electricidad y Petróleos Mexicanos, junto con la incapacidad histórica de la economía mexicana para crecer.
El informe sugiere que si México no reduce sus déficits fiscales de manera oportuna, una rebaja en la calificación podría suceder antes de 2027. El gobierno actual ha incrementado subsidios y gasto en obra pública sin un análisis socioeconómico riguroso.
Perder el grado de inversión significaría estar a solo un nivel del mismo, lo que implicaría pagar mayores tasas de interés por la deuda pública. Esto a su vez deterioraría la situación fiscal del gobierno y lleva a menores calificaciones crediticias. Si México cruza este umbral, podríamos experimentar una rápida pérdida de estabilidad económica, potencialmente incluso una crisis de deuda.