La poeta surrealista Nahui Olin fue una figura destacada en el panorama artístico mexicano del siglo XX, a menudo comparada con Frida Kahlo por su exploración de temas como el autorretrato y la libertad sexual femenina. Sin embargo, mientras Kahlo se ha convertido en un ícono cultural ampliamente reconocido, Olin quedó olvidada durante décadas.
Nacida en 1893 como Carmen Mondragón, fue bautizada con el nombre Nahui Olin por Dr. Atl (Gerardo Murillo), quien destacaba como pintor y muralista. Su infancia fue rica en experiencias artísticas; vivió en Francia durante su juventud, donde perfeccionó sus habilidades en diversos medios artísticos, incluyendo la escultura y la música.
En 1914, Olin regresó a México y se casó con el pintor Manuel Rodríguez Lozano. Este matrimonio la introdujo al círculo artístico de “Los Contemporáneos”, donde frecuentó artistas como Picasso, Braque y Matisse. Tras los primeros años de matrimonio, Olin y su marido vivieron en España durante la Primera Guerra Mundial antes de regresar a México.
La relación con Dr. Atl fue crucial para Olin; no solo lo conocía como un pintor influyente, sino que también se convirtió en su amor y compañero. La boda simbólica y el nombramiento de Nahui Olin reflejan la transformación personal y artística de la artista. Tras el fallecimiento de su padre, Olin abrazó una nueva identidad y comenzó a explorar temas como la sexualidad y la identidad femenina con libertad y audacia.
En sus obras predominaban los colores vibrantes y personajes expresivos que reflejaban la cotidianidad festiva de México, pero también abordaban temas más profundos. Olin se destacó por su autenticidad artística, utilizando su cuerpo como medio para evidenciar la lucha por la libertad sexual e identidad femenina en un contexto sociocultural restrictivo.
Como musa inspiradora de artistas importantes como Diego Rivera y Jean Charlot, Olin fue una figura innovadora que desafiaba las normas sociales y artísticas. A pesar de su legado olvidado durante años, se ha recuperado recientemente con exposiciones como la retrospectiva del Museo Nacional de Arte de México en 2018.
A lo largo de sus últimos años, Olin vivió una vida retirada rodeada de gatos y dedicándose a enseñar arte. Su frase final, “Independiente fui, para no permitir pudrirme sin renovarme; hoy, independiente, pudriéndome me renuevo para vivir”, encapsula su lucha constante por la autenticidad personal y artística.