Es indudable que existe un vínculo directo entre la microbiota intestinal y el cerebro. Esta conexión, descrita en numerosos estudios científicos, se ha denominado eje intestino-cerebro, por el cual las bacterias y sus metabolitos pueden influir en procesos inflamatorios, señalización neuroactiva y funciones cerebrales.

Tim Spector, médico epidemiólogo, divulgador científico y profesor del King’s College de Londres, destaca la importancia de los frutos secos en su podcast The Diary of a CEO. Afirma que estos alimentos, aunque se les ha demonizado históricamente por ser considerados una fuente de grasa, son en realidad beneficiosos para el corazón y el cerebro.

Los frutos secos no solo deben consumirse ocasionalmente; en realidad, se ha demostrado que su inclusión frecuente puede promover un mejor control del peso y tener un impacto positivo en la salud cerebral. Este efecto es atribuido a mecanismos aún no plenamente comprendidos, según revela un reciente estudio publicado en la revista Age and Ageing.

Spector recomienda especialmente las almendras por su eficacia para mejorar la cognición y tener beneficios leves sobre otros aspectos de la salud cerebral y el estado de ánimo. También destaca las nueces, reafirmando que no hay un único fruto seco recomendado, sino que la diversidad es clave.

La experta sugiere consumir almendras en desayunos combinadas con yogur y kéfir, junto a frutas rojas, para aprovechar sus efectos positivos sobre memoria, flujo sanguíneo cerebral y estado de ánimo. Según Spector, su ingesta regular también mejora la microbiota intestinal y las funciones cognitivas, gracias a su contenido en ácidos grasos omega 3 y 6.

Para asegurar estos beneficios, se recomienda incluir una pequeña porción diaria de frutos secos en los desayunos o comidas. Este hábito no solo es saludable para el cerebro, sino que también contribuye a la salud general al mantener la microbiota intestinal y las funciones cognitivas optimizadas.